Fosfatina

Con ese título pueden venirse a la cabeza dos cosas entre otras. Una es un antiguo preparado de farmacia que se les daba a los nenes en edad de crecimiento y que servía de muy poco; fosfato cálcico para los huesos, pero que sin vitamina D y sol sólo provocaba la lógica condinga en el niño ante la cucharada con el polvillo blanco. Seguir leyendo

¡¡¡Susórdenes!!!

Un mes, si, un mes entre esta entrada y la anterior («Canastos») que aconsejo leer a los que no lo hicieran para tomar el hilo de esta.

Fácilmente entenderán el porqué de este mes otoñal silencioso. Lo haré tras la primera imagen «festiva» con que suelo iniciar estas prístinas entradas:

Con tanto jalloven y tanta tontería supuestamente siniestra (ya dediqué una entrada a esta memez), he rebuscado esta imagen de una estancia en Londres, que no se queda atrás en lo tétrico. Seguir leyendo

¡¡Canastos!!

Como siempre hay quien pregunta «¿Qué hay de lo mío?». Ahora me han salido con las mismas a raíz de la entrada anterior, Achipichú», ni más ni menos que Luis Mariano y Gloria Lasso, que ellos con su ¡¡»Canastos»!! no se deben quedar atrás de Jorge Negrete. Que desde un olvido casi total reivindican su sitio que para eso la canción es muy buena. Seguir leyendo

ACHIPICHÚ

Sin llevarse las manos a la cabeza, Achipichú es tan palabra como lo sería Aserejé, Supercalifragilisticoespialidoso, o incluso el gruñido que se intercalaba en los mambos de Pérez Prado. Luego lo explico.

En primer lugar, reconozco que he dilatado el tiempo entre la anterior entrada y la presente, y eso que se podrá pensar que dado el periodo vacacional podría haberle dedicado algo más de atención, y eso que los jubilados estamos, es un decir, de vacaciones continuas. Seguir leyendo

¡¡¡Descacharren!!!

En casi este mes de abandono de este magno blog, los acontecimientos me llevan a titular esta entrega de esta manera: ¡¡¡Descacharren!!!.
Para los que tengan algo de memoria, y para los que no también, con ese título había una atracción de feria consistente en unas baldas sobre las que había una serie de cacharros de barro, orzas, botijos, jarras, lógicamente de barro basto, objetos a los que había que derribar o romper a base de impactos con tres bolas ladinamente forradas de trapo, que por 50 pesetas (fue el último precio que recuerdo), el novio gallito intentaba deslumbrar con su fuerza y tino a la candidata a compartir sus días, algo así como un pavo real intentando deslumbrar a la pava con su rueda. Seguir leyendo