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Eclipse de las narices

Hasta las narices del eclipse o el eclipse de nosotros, pero aunque no quería al superar este periodo de pereza con el blog, prácticamente me he visto empujado…Dios! que saturación con el eclipse de mañana, como si no hubiera uno cada dos por tres, precisamente me ha pillado el de hace un rato en un semáforo y no le he dicho ni buenos días, la verdad es que el eclipse tenía pinta de dormido. Para que en lo sucesivo podamos andar con tranquilidad, sin miedo a eclipsazos, he diseñado una indumentaria que, a falta de algún retoque como la noria en el extremo de la antena, indispensable por cierto para avisar de súbitas apariciones, es bastante útil, si acaso la talla del receptor craneocónico un poco más grande, cuestión de ir a «los chinos» e ir probando con embudos de mayor tamaño, pero cuidado con que sea demasiado grande y reciba radiofrecuencias de todos los eclipses del mundo mundial y además no homologadas. Consulte al farmacéutico.

Las gafas que no se olviden, que las ráfagas lumínicas nos pueden enturbiar la visión del rebaño de cabras que nos rodea (¡¡¡esto sirve para comprobar que aún existen las cabras!!!) y pueden provocar la caída desde un ático cualquiera de esos, de los que hay por ahí a puñados y que se alquilan por habitaciones a compartir con pastores de cabras, corredores de bolsa, registradores de la propiedad, que ahora se toman muy en serio lo suyo y quieren comprobar in situ lo registrado.

A mi que me registren, pero mientras estamos con el eclipse se nos meten otras especies. Se confirma una casi muletilla mía que se vende como proverbio chino: «Quien mira al gusano, pierde el eclipse», y tampoco es cuestión de ignorarlo displicentemente, pero evidente es que se desvía la atención de las cosas gordas, de las importantes. Por ejemplo, ¿A que no había caído en la voracidad por los áticos…?Sencillo, para alquilarlos para ver el eclipse, cerveza libre y madrileña incluida, un pastón, tantos áticos a tantas personas ya tengo para sufragar gastos de tantos incendios. Cuestión de pensar, no de poner bomberos, que total, con la oscuridad del eclipse no se van a ver y de poco van a servir.

Este surrealismo en los razonamientos anteriores, lógicamente no creo que sean suscritos en serio, aunque hay un personaje reciente en la política, al menos para mi, del que no me extrañaría nada . Un sujeto con pelos crecidos y ensortijados tanto hacia arriba como a los lados, unas gafas recalcitrantemente redondas y chicas, cara de muy cabreado con todo y de voz aguda, casi de pito, y ronquilla. Un auténtico personaje sacado del TBO o del DDT, porque además lo que dice, regañando siempre, es típico de esos tebeos.

Le pegarían al anterior, hablando de tebeos, los de Roberto Alcázar y Pedrín, pero me siento benévolo y le prestaría, ojo, sólo prestaría, el volumen de Tintin de «El Templo del Sol», donde la escena del eclipse del sol es magnífica.

Las gafas para no ver el eclipse son multiusos, me explico. No se ven las maniobras en la frontera de Ceuta, ni la mano cada vez menos oculta de Netanyahu ni Trump junto con el servilismo/peloteo de algún que otro de por aquí, total, que grandes expectativas, y mientras el marroquí echándole especias a los pinchitos sin inmutarse.

Y de la ceguera ente las actuaciones de más de uno de los de puñetas en la bocamanga, mejor no hablar. El exministro aznarista Montoro lleva pendiente de juicio, por cosas muy gordas, varios años. Pues se lo acaban de prolongar. Olé.

Mientras, con el terremoto (no es el primero de la racha), violencias de género (se nos ha ido el bolín) los incendios esos que sirven para que la presidenta de Madrid vaya con sus short, estamos apañados. Menos mal que algo de buen sabor dejó el fútbol, a pesar, al menos para mi, de las simpatías proargentinas que desequilibraban los encuentros. No soy muy amigo de pensar eso de «bien está lo que bien acaba» pero vale, sólo por esta vez, que estamos muy falticos de cosas agradables. Que les vayan dando a los de banderita muñequera que jaleen a moritos y no a arios puros, que no hay que rascar mucho para saber que ni nosotros nos acercamos a serlo. Tontoleches con la «prioridad» de las narices. Tontoleches mas de uno de los listos de Europa con sus complejos de superioridad y egoísmos.
Voy a parar porque estoy derivando a lo que no quiero.
Vamos a seguir con los calores y basta que ya es suficiente.

Cosillas del Museo:

Tiempo ha que no traigo a ningún molusco, ahí va uno:

No hace falta decir su nombre, solo leer, si bien en la actualidad el nombre del género tiene una ligera variación, Haminoea. Un gasterópodo opistobránquio, con perdón. De concha translúcida. Aunque este ejemplar procede del Índico, puede darse en nuestras costas. En su conjunto tiene un aspecto de burbuja, de ahí el nombre de «caracol burbuja».

De la Sala de Física:

Pues esos dos cacharritos, que para su uso deben ir emparejados, no son mi más ni menos que una estación Morse. El superior recibe y emite las señales telegráficas mediante un pulsador, y el inferior detecta la presencia de ondas de radio junto con el anterior.
La posesión de estos aparatos frecuente en los Institutos de la época, aparentemente tan científica, pacífica, didáctica y curiosa, en alguna ocasión fue la causante de destrozos más que significativos y lamentables: en 1874, las tropas carlistas en la tercera Guerra asolaron a la ciudad de Cuenca, y sabedores que en el Instituto existían los instrumentos de telegrafía, para impedir la comunicación con Madrid optaron por arrasar con todo el material científico y, ya puestos, con todo lo que oliera a cultura que estuviera en el Instituto. Hechos recogidos por Galdós en sus Episodios.
No tenemos arreglo.

Pues nada más, a seguir con el aire acondicionado y a elegir buenos libros, que los hay, también morralla, pero es cuestión de buscar.

A sobrevivir del verano sin tirarse de ningún ático. Ah, y como mejor, más cómodo y más barato, y sobretodo más seguro, es ver el eclipse por la tele, cerveza, butacón y papas fritas. Lo de las gafas (????)