Archivo por meses: diciembre 2022

Fosfatina

Con ese título pueden venirse a la cabeza dos cosas entre otras. Una es un antiguo preparado de farmacia que se les daba a los nenes en edad de crecimiento y que servía de muy poco; fosfato cálcico para los huesos, pero que sin vitamina D y sol sólo provocaba la lógica condinga en el niño ante la cucharada con el polvillo blanco.
La otra es más próxima al lenguaje de los tebeos. Se usaba mucho para expresar que un personaje estaba hecho polvo, cansadísimo, casi derrotado, pues a esta segunda expresión me refiero. Tras un mes de vapuleo en muchos frentes desde la anterior entrada, me han dejado hecho fosfatina. No me ha sobrado el humor como para atender debidamente a estos escritos.

Bueno, algo si, y ahí va la muestra:

El menda regalado. A mediados del mes pasado cumplí mis primeros 75 años. Coincidió que estaba en Soria, y en lugar de una efeméride universal como debía ser, mis compañeros, y sin embargo amigos, de la ejecutiva de la Asociación de Institutos Históricos, me tenían preparado este lote de tres botellas pijiiiiiisimas. Un regalo que caerá en estas fechas. Se complementó con un librito que ya estoy acabando, de temática canaria con toques de intriga. Ese fue personal de la presidenta de la Asociación.

Pues salvando ese momento, que fue hace justo un mes, no hay mucho que aplaudir. Si consideramos aquello de que un pesimista es un optimista informado, pues no veas ya que me chupo diariamente bastantes, quizás demasiadas, noticias. Insistiré no obstante, para que la mella sea mínima, porque desde luego el 2022 se ha lucido y eso que el numero no era feo.
La Guerra de Ucrania, a la que cada día hacemos menos caso, el bloqueo de los de la toga, la dialéctica entre políticos, la impunidad para demasiadas cosas,…el cambio de la Igartiburu por la Obregón para dar las campanadas por la tele, la fascitis plantar de Paquirrín (Dios, que tragedia), la subida mesurada del caviar Beluga y la escandalosa del aceite o del pan (alguien se está forrando sin escrúpulos). Para qué seguir…
Y eso que no destacamos lo suficiente que en España hay cosas que se están conteniendo frente al resto de Europa, la luz y la gasolina por ejemplo, pero nada, el combustible que se usa para traer las berenjenas desde el campo se compra en Bélgica que está más caro. Imagino yo.

Nuevamente, jugadas de despiste: de la mano nos llevan a que todo gire alrededor de esos mundiales de futbol y sus sinvergonzonadas de las que no quiero ni hablar. Ahora que para jugadas de despiste y de las gordas, lo del «descubrimiento de la fusión nuclear».
El tratamiento dado, y además con bombo y platillo, por la prensa no nos debe extrañar demasiado aparte de la intención de «serpiente de verano». Es fruto de la ignorancia colectiva y no sólo de los periodistas, que también. Uno de ellos, a la vista de lo de la fusión ha soltado la prenda de «que por fin se ha demostrado que la energía no se transforma». Y no lo han corrido a gorrinazos por las calles.
Ya vaticinamos estos frutos colectivos de cultura y formación a comienzos y mediados de los noventa, cuando la LOGSE y después las herencias cada vez tozudamente peores. Pero no sólo se nos ignoró sino que se nos tachó, y aún se sigue, de retrógrados, conservadores, darwinistas y fachas. Incluso en estos días, un psicopedagogo de la Universidad de Málaga se queja de los movimientos y opiniones «anti» que están proliferando. Para que vea que soy obediente y de izquierdas, he aplicado el método de proyectos tan predicado por los «moelnos»:

He ido a Almagro, provincia de Ciudad Real (aunque eso no se dónde se estudia ahora, que para eso están los GPS), he buscado a un propio cultivador de berenjenas; le he pedido su número de móvil, que eso si tenía y de última generación, y después me he dirigido a La Bañeza, provincia de León, encontrándome con un cultivador de judías blancas y he hecho lo mismo, el número de móvil. Sin que nadie se sorprenda y con el permiso de Vázquez Montalbán, me fui a Barcelona a dar con la Charo, la compañera-novia a ratos de Pepe Carvalho que no me quiso facilitar el número, que lo que fuera, en Barcelona en la calle Arco del Teatro, corazón del Barrio Chino. Accedí, todo sea por la psicopedagogía. Cité allí para pocos días después a los otros dos, viaje pagado por una editorial de renombre que patrocinaba el proyecto educativo. Pensión «El cerebro», una mesa amplia en el recibidor, sentados el de las berenjenas, el de las alubias y la Charo, el otro personaje de Carvalho, el Biscuter aparte por si hiciera falta y una botella de Anís del Mono por lo que pudiera pasar. A la Charo le di un rollo de alambre y a los otros dos sendos rollos pero más pequeños y dispuestos unos alicates en el centro para que se ayudaran en el elaboración del proyecto. Les he indicado que si me hacían caso y el proyecto salía bien, la editorial nos invitaba a gambas y tintero del bueno donde quisiéramos.
La Charo tenía que hacer con el alambre un cuadrado de cincuenta centímetros por cada lado. El de las berenjenas uno más chico, de treinta, y el de las habichuelas blancas, judías para los fisnos, otro de cuarenta.
Dobleces, tacos de la Charo que porqué la había tocado el más grande, los otros al intentarlo sólo con las manos que nos les salían bien las medidas; al final y con la ayuda y vigilancia del Biscuter para evitar el bebercio excesivo del Anís del Mono, quedaron acabados los tres cuadrados. Les hice que se dieran la mano y que pusieran el cuadrado correspondiente frente a cada cual y…..¡¡¡¡¡OH SORPRESA!!!!!, ¡¡¡LA SUMA DE LOS CUADRADOS DE LOS CATETOS ERA IGUAL AL CUADRADO DE LA HIPOTENUSA!!!.
Pitágoras, has quedado fatal, con nuestro proyecto educativo hemos superado siglos y además nos hemos motivado emocionalmente, el neuroanís ha hecho maravillas, los alambres durillos, pero ahora pelando gambas y con el tintorro te vas a enterar.
El viaje de vuelta de los «agrarios» lo hicieron felices, la Charo quedó con el Biscuter pidiendo más gambas y esperando la llegada de Carvalho para decirle que eran matemáticos de primer orden y sin saberlo.

Pues con la fusión nuclear casi parecido. Y eso que falta que confundan fusión con fisión , la de Lise Meitner, no de Fermi que se la adjudicó (otro caso de machismo científico). En fin, que por ahí van los tiros. Que nos vayan dando. Y mientras a respirar hondo porque hoy unos sesudos dicen que las embarazadas pueden comer jamón serrano sin problemas. Lo dicho.

Vamos a las imágenes de algunas cosas del Museo:

Insisto en las aves porque las evidencias de su disminución son indiscutibles. En este caso, las cercetas no son excepción. He ahí un ejemplar precioso de «Cerceta carretona» (Anas querquedula), como otras acuáticas del Museo, procedentes de Málaga.

Ya sé, ya sé, es muy feo pero no tiene culpa, que también es una criaturita. Es un pez conocido como bienio vivíparo y por otros como anguila hocicuda. Una vez más, de ahí la importancia de los nombres científicos, Zoarces vivíparus para todos. Es vivíparo evidentemente, que no sólo lo son las víboras.

Y un aparato curioso:

Se trata de una Lámpara de Locatelli. Funciona con aceite, y gracias al depósito trasero su funcionamiento dura bastante tiempo sin que se interrumpa. Su verdadera acción se basa en el espejo cóncavo tras la llama que irradia calor constante, de ahí su uso como aparato para las experiencias de difusión del calor, especialmente en el conocido «Banco de Melloni».

Y nada más en este casi final del dichoso 2022. ¿Felicito ya el 23?. Mejor me espero.
Como todos los años por estas fechas ya sabéis lo que voy a recomendar, mucha paciencia, buen humor y un bote de bicarbonato. Besos, abrazos y arrumacos.