Dados los tiempos que corren difícilmente podría encontrar otro título para esta entrada. La verdad es que por mucho que rebusco en la memoria no me vienen muchos datos con esa onomástica, Donald Sutherland, el actor que descubrí en Casanova, la película de Fellini (ya ha llovido) y que posteriormente siempre lo he visto en papeles de malo, perverso o siniestro, y como no, al célebre pato de los dibujos animados que tampoco es que me entusiasmara demasiado, salvo, quizás algo de gracia en su forma de hablar. Pero eso si, ese pato tenía un tío, el «tío Gilito», nadando entre monedas y fortunas y un talante que parece actualizado por el Donald que nos acecha actualmente, si, ese con pelos que parecen fideos «cabello de ángel» (curioso eufemismo, ya que lo de abajo de ángel tiene poco) dispuestos de una manera que ya quisiera en su día Anasagasti para taparse la calva, y más abajo con una corbata tamaño Luis Aguilé pero con menos gracia, y que cuando habla tuerce la cabeza incomprensiblemente aunando un gesto desafiante.
Es difícil mantenerse alejado de comentarios políticos, se intentará aunque la actualidad invita a hacerlo, pero he descubierto que este Donald (obviamente el Trump) tras una labor de investigación ha decidido ser fiel y obediente al significado de su nombre procedente del gaélico: «gobernante del mundo», y así nos va.
Aunque me parece que tampoco hay que quitarle la vista al apoyo del que tiene esa mandíbula inferior modelo «quijá», el sudafricano que pone las pelas para todo menos para lo que debe. Peligroso. En fin, sin querer aproximarme a lo apocalíptico, no veo la cosa como la vería Mary Poppins. Mucha azúcar sería necesaria para esas píldoras.

Uno, que ni reniega ni oculta sus antecedentes históricos y personales, salió de penitente, nazareno en Málaga, como casi todo quisqui, de los dos, el de la izquierda con su campanita y todo, seis años y recién operado de «anginas», amigdalectomía parcial para ser precisos y de ahí la cara redondita (y la cara de gilipollas), lo que el célebre otorrino de Granada, doctor Ramos Calvo, llamó «síndrome de cara de luna», pues en mi fue de evidente luna llena, duró poco. No sé si en anteriores entradas he incluido fotos parecidas, pero en este año que inauguramos he querido empezar con cosas simpáticas.
Pues en este tiempo, el barquito zarpó, futura reina a bordo y escenas lacrimógenas en el muelle. Inevitablemente surgen las comparaciones, ¿porqué aquí si las lágrimas y no en Zaragoza?: influencias de Rafael Alberti, el mar, la mar…supongo que ya se habrá enterado de lo que son trinquete, mayor y mesana, que de otros términos de marinería el que sabe es su abuelo el de las regatas, el de las mariscadas en rías baixas que acaba de celebrar a todo trapo su cumpleaños en país de infieles.
Por cierto, no es que lo haya olvidado, pero es que a Froilán se le ve muy poco últimamente, se dice que está en el paro y vive acogido por su abuelo. Me da cosa, pero si se le aplica la tan cacareada meritocracia será interesante ver en que oficio o beneficio aterriza. Sin problema. El otro día me enteré que el célebre güisqui americano Bourbon en realidad la marca significa Borbón. Doy ideas, que no se diga que tiro la piedra y…otros andan por ahí gestionando a hospitales privados tan ricamente y con menos vínculos genealógicos.
Un grosero soy, aún no he preguntado como fueran las «fiestas entrañables» (ya saben que lo de entrañables es porque remueven las entrañas) ¿cuñados?¿faltó bicarbonato?¿aspirinas? una vez más, ¿hasta dónde de los anuncios de perfumes? con lo increíbles que son sus guiones cuando nó ridículos y, ¿tan mal olemos que compulsivamente tenemos que regalar perfumes?, y ¿qué les sale de costo el perfume para tanto anuncio?, una perra gorda el chorrito. Utópico sería el fomentar el regalo de libros, tantos como se editan, mejores o peores pero hay donde elegir; y si no se quieren riesgos ahí están los clásicos, esos que falsamente todo el mundo dice haber leído y no, hipócritas. Con la cantidad de buena literatura que tenemos en lugar de dejarnos convencer por un maromo que acciona una maquinaria imposible en un barco igual de imposible para regalar un mejunje que vaya usted a saber a qué huele.
Ya pasó, hasta el año que viene. Por cierto, no lejos de los escenarios de los belenes siguen tanques, masacres y lo que sabemos o nos dejan saber. Sería curioso ver algún «belén» un año de estos que lo recoja. Tampoco se me espete al anacronismo, que si se incluyen actualmente tomates o «chocolatillos» pues eso, misiles, tanques y carnicerías.
Antes de seguir en lo que puede apesadumbrar, vamos a las fotos del Museo del Suárez:

Un interesantísimo ejemplar de «perro de las Pampas» (Canis azara) el nombre de la especie, azara, es un reconocimiento al ilustrado español Félix de Azara, naturalista, militar y explorador que, junto a Humboldt y Darwin suponen los grandes aportes a las bases evolutivas. Un ilustrado en toda regla.
Un preciosa concha:

Se trata de la Pythia scarabeus, no es un gasterópodo estrictamente marino, es de marismas y por eso es un pulmonado, como los que nos comemos como «cabrillas». Muy curiosos los dientes que rodean a la boca de la concha. Ese ejemplar es de Filipinas, y la foto la hizo el ya citado en otras ocasiones David Carmona.
Y como siempre algún aparato de la Sala de Física:

No es vistoso ni falta que le hace, es muy útil y basta. Los aficionados a lo que ahora se entiende como fotografía analógica quizás lo hayan identificado. En el laboratorio fotográfico «de toda la vida», la iluminación era (y es) un asunto muy importante, se trata de una especie de farol que mediante un cristal de color rojo o verde ilumina al cuarto oscuro; rojo para emulsiones ortocromáticas y verde para las pancromáticas. Una reliquia interesante.
Y nada más, esperando si no hay más boicot a mi pensión que, sin ser mala tampoco es para echar cohetes, y preparado el cuerpo para la próxima borrasca de capirotes, trompetas y ensayos, os dejo con el deseo de que en el 2025 os acompañe la paciencia y algo, al menos algo, de buen humor.