Archivo por meses: diciembre 2019

Consideraciones final de año

Tranquilos, no será un resumen de prensa de lo acontecido en 2019. Sólo serán un manojo de ideas con algún recuerdo añadido.
Estas fiestas «entrañables» las subdivido en tres etapas. Lo de «entrañables» lo entrecomillo porque puede ser que se llamen así por la alteración que producen en ciertas entrañas. Creo que si las llamamos «viscerables» serían sinónimo. Pues volviendo a las etapas, ya se ha superado la primera, ahora vendrá la de nochevieja y después reyes y vuelta al curro normal y corriente, ¡¡¡que alivio!!!.
Lo que este año destaco no serán los anuncios de perfúmenes por que son tozudos en si mismos y veo que no tiene arreglo. Será la impertinencia sobre el chupeteo de las cáscaras de las gambas y otros crustáceos similares (malacostráceos, eucáridos, decápodos y macruros, que todo no va a ser tan coloquial). Pues resulta, como se habrá comprobado y sufrido, que nos informan que ese chupeteo es gravísimo, concretamente por el Cadmio asesino. No se que es peor, si el científico listo que ha dado a conocer la alerta o los medios de comunicación publicándola alarmante y profusamente. En todo caso, y como ha sido dada de forma taimada y calculada con alevosía justo en vísperas de la única ocasión casi anual de chupar la cabeza de una gamba, sea el que sea el responsable es un «malange», un «malasombra», un «malafollá» o un «insonrible». ¿Cuantas cabezas habría que chupetear para una dosis remotamente tóxica?. Lo de la Campana de Huesca se queda en una broma.
Ya está bien con que si tal pescado no se consuma por el Selenio, por el Mercurio y casi toda la Tabla Periódica. Por las mismas nos podrían decir que no se consuma hígado de oso polar por su elevada (y tóxica por ello) concentración de vitamina A; o peor, que no se consuman papas (se llamaban así tanto en quechua como en azteca, al traerlas nos pusimos finolis y las bautizamos como «patatas»), pues digo que no se consuman por su contenido en solanina, sumamente tóxica que además puede provocar malformaciones en los fetos. Toneladas de papas y de golpe habría que consumir, y ojo, que también la tienen los tomates y los pimientos. Pues venga, a una buena alarma de las gordas.

En estos días, tras lo del informe PISA y otra oleada de expertos psicopedagogos emitiendo recetas para desfacer el entuerto creado por ellos mismos, me ha dado por recordar en algún momento mis tiempos de docente ya que en el marco actual no me veo ni en pintura, sería totalmente incompatible.
Pues he rescatado estas dos imágenes:

Al campo se va a algo más que a comer una tortilla. A atender para aprender, lo demás son pamplinas. Un día en el campo nos equivalía a quince en el aula de cuatro paredes. Además no tendría ese bellísimo y colosal Quercus como fondo, tendría una pantalla para proyectar con ordenador que, en mi caso, nunca he manejado y ni aprendí a hacerlo. Era de tiza y pizarra y los alumnos aprendían y disfrutaban en todos los casos.
Esto viene a cuento por la cantidad de antiguos «angelitos» que me encuentro en estos tiempos y no sólo me paran a saludarme, sino que encima ¡¡¡me echan de menos!!!.

Como estoy algo en plan serio, en esta entrada volveré a incluir imágenes del Museo:

Casi como el arpa de Bequer, en un rincón de la Sala de Física, con la ayuda inestimable de los recordados Alberto Gómez y Jesús Sánchez Tallón, ambos grandes amigos, se reservó un «cuarto oscuro» para diversas experiencias sobre todo de óptica, reflexión, refracción y difracción de la luz con el uso de prismas y lentes adecuadas. He aquí una bellísima muestra accionando los colimadores de luz:

Y para que no lloren los minerales, ahí va eso:

Un escandalosamente bonito octaedro de fluorita cedido al Museo por mi antiguo alumno Alberto L. Galindo, hoy en el CSIC.

Y nada más, hasta el 2020 (veréis que sigo sin meterme en política):