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Tengo un sobrino

A ver, tararee conmigo: «Tengo un sobrino y olé, tengo un sobrino», entonando sevillanas como se habrá adivinado. Ahora lo aclaro.
Si releo el primer párrafo de la entrada anterior, afirmo que sería igual de válido para esta, pero con un añadido, mi sobrino. No crean que se trata de un pipiolo inaguantable, no, que se acaba de jubilar como profesor en la universidad de Málaga y eso al menos lo redime de lo de pipiolo, además, las relaciones han sido y son inmejorables. Ahora bien, se ha empeñado en que escriba una novela. Tal como suena. Y eso me ha descolocado y me ha tenido con la mente algo alejada del blog. La culpa, evidentemente del sobrino.
El interfecto, que ganó por cierto un importante premio literario extremeño, invoca a mi casi proverbial memoria y a mi forma de redactar como ventajas para meterle mano, y encima en Málaga se ha presentado una novela («Tu, historias de familia». de Juvenal Soto) de la que mi sobrino dice que yo la hubiera escrito igual o mejor…veremos en qué acaba esto.

Por lo pronto, lo anterior ha contribuido al despiste que en este verano me sumergen, o lo pretenden.

Seleccionada esta imagen propia de la corporación municipal, una parte, saliendo de la catedral, no recuerdo si en un doce de octubre o algo así. La cuestión es que en aquellos años, vista la foto, casi todos teníamos título superior y solo uno de grado medio (yo soy el primero de la izquierda, obsérvese que pose, que gallardía). Lo traigo a colación por el pifostio que se ha organizado con las titulaciones. Si la imagen fuera completa saldrían de todo, más o menos licenciados, pero eso es verdad y ahí veo el quid de la cuestión, ninguno era como El Marqués de Cárabás, que el título se lo había inventado El Gato con Botas. La titulitis no se ponderaba y la mentira si, máxime si era innecesaria.

Pero para echar leña al fuego de las titulaciones, las Reales Maestranzas hierven de alborozo con la incorporación de nuevos marqueses, condes y duques. No hay nada más perentorio que nombrar Marqués de Trompaforte a cualquier famosillo o incluso jefe de gabinete de político/a significado, siempre que empine el codo.
No se si le da al trinqui o no, pero un alto comisario que atiende por Rutte sería otro candidato al anterior título que supongo estarán pensando. Lo digo porque su declaración exculpando a Trump «a veces papi tiene que usar lenguaje fuerte», prefiero creer que la ha dicho jartovino y haciendo honor a su apellido una buena dosis de aguardiente. ¡¡¡Que tío más tonto el Rutte ese!!!.
Y pensar que una de mis ilusiones era tener un título nobiliario, concretamente baronet, que ya en mis tiempos de estudiante compartía mi deseo con mis compañeros de piso. Pues nada, han pasado los años y no me nombran baronet.

Si para ese nombramiento sirvieran las premoniciones que veo se están cumpliendo, a ver:
En su día ya vaticiné que, con el sistema de calificación de Selectividad, llámese como se llame, los de la privada/religiosa/concertada siempre saldrían ganando, ya que a igualdad de nota en el examen, si hay que sacarle la media con la del expediente que traen del centro de origen, éste suele estar bastante inflado artificiosamente, luego es el que gana y por tanto accede más fácilmente a las carreras «caras» en notas de corte.
Este verano por fin parece que alguien se ha dado cuenta. A ver que pasa.
Otra, está cociéndose, lentamente, pero está, el prohibir móviles en clase. Traigo a colación el hecho de que en su día se me miraba como bicho raro cuando a los alumnos les decía que apagaran los relojes, aquellos Casio cuadrados que daban un sonido cada hora, es decir, que desde las 9’55 hasta las 10’05 había una sinfonía de pitiditos (todos no iban sincronizados) que destrozaban el ritmo de la clase. Reloj que sonaba al frigorífico, se quedaba un día sin funcionar. Medicina santa, la clase en paz. No quiero pensar ahora la que se puede liar con mensajes, redes sociales y su pastelera madre dentro de una clase.

Objetivamente son hechos menores si los comparamos con lo que ocurre en Gaza-Israel-Siria. No sale muy bien parada la especie humana, no. Y paralelamente en otra pauta, creciendo el antiislám a niveles que superan el odio: Jumilla, Torre Pacheco, cuidado con la playa de Castell de Ferro. Para no dar crédito a lo que ocurre y con bastante impunidad por parte de los protagonistas.
Por otra parte, soy bastante escéptico en lo relativo a que la reducción del consumo de bienes vinculados a Israel los aleje del belicismo. Mientras tengan la teta del flequillo amarillo nada, además es recíproca.

Bueno, pues un consejo para dejarlo por ahora: cuidado que hay un repunte de sífilis.

Vamos a las imágenes del Museo del Suárez.

Pues no, no es una equivocación, no se trata aunque es un instrumento de medida de uno que corresponda a la Sala de Física. Es de Ciencias Naturales que tambien se miden cosas. Un Termómetro metálico. El mecanismo está basado en la dilatación por el calor de una bola metálica interna, y ésta acoplada a un muelle con una aguja que es la que marca la temperatura. Además, es de una precisión envidiable.

Un precioso cristal de Fluorita cristalizado en octaedro. Procede de Uam, China. Cedido por el antiguo alumno y hoy investigador del CSIC, Alberto López Galindo, alumno mío en 1971-72, Ciencias Naturales de 2º de Bachillerato (del de toda la vida).

Y ahora algo de Física, hoy toca óptica:

Puede despistar algo, se trata de una esfera hueca en su soporte de madera. Al estar llena de agua distorsiona a las imágenes actuando como una lente de diversas maneras: la más inmediata es como lupa, de ahí su nombre de lupa de agua.

Y por hoy nada más, a ver si no me «amortiguo» en estos días, aunque muy estimulado no me encuentro. Fuerte abrazo y pacíficos deseos.