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Perjuro

Se dice perjuro del que jura en falso o del que falta a un juramento, y si nos lo aplicamos a nosotros mismos, va a resultar que no pocos lo somos.
Viene a cuento porque en estos días de maremágnum de leyes y aplicaciones, se las están saltando muchos de los que las juraron, y me atrevería a decir que ya está bien con la benevolencia de decir la palabra «incumplimiento» , sencillamente, perjurio.
Otra cosa es si la ley en cuestión está vigente; que yo recuerdo y muchos de los lectores masoquistas también, aquellos tiempos en que para ser profesor había que jurar el Fuero de los Españoles, los Principios Fundamentales del Movimiento, Leyes Fundamentales del Reino…y todo lo jurable; a mi me lo pidieron tanto para penene (nombre de los no numerarios en la época) tanto en la Universidad de Granada como para el Instituto, incluso como documentación obligatoria una vez sacadas las oposiciones de profesor Agregado, para las de Cátedra sorprendentemente no, ya servían las anteriores.
Evidentemente soy un perjuro.
Ahora bien, en su alma llevan los que ahora deben cumplir una renovación contemplada en algo que juraron y sigue vigente y no lo hacen, como otras tantas situaciones.

Sirva esta imagen para mostrar los efectos de un perjurio, que no se si por venganza cuelgamuresca, pero algo queda.
Como ha pasado prácticamente todo un mes desde la entrada anterior, en este tiempo fue mi cumpleaños, y el día en cuestión pues ya se sabe, un almuerzo algo especial que impone una cabezadita sin llegar a siesta tremenda; algo que hice. Lo que no previne fue la «mala idea» de alguien presente que maneja eso de la «inteligencia artificial», y no se conformó con hacerme una foto con un gesto plácido, no, la fusionó con la imagen del veraneante en Meirás, famoso pescador de atunes e inaugurador de pantanos, para que recordara mi condición de perjuro. Sus muertos.

La verdad es que noviembre ha hecho honor a ser un mes de difuntos, Millán Astray se salió con la suya. Dicen que dijo a aquello de «muera la inteligencia», algunos lo retocan, pero en el fondo se salió con la suya.
Como ahora está de moda anteponer «neuro o neura» a casi todo, he podido comprobar que este noviembre ha ofrecido bastantes muestras de neuroausencias, muchas colectivas y frecuentemente violentas; que se lo digan a los vecinos de la calle Ferraz o Princesa de Madrid. No parecían inmersos en La Escuela de Atenas precisamente. La neuroausencia hacía su agosto y si me aprietan no me pareció buen presagio.
Con algo de optimismo recuerdo el título de una serie de TV, blanco y negro, de Adolfo Marsillach, titulada «La honradez recompensada», a la que la censura (ficticia) obligó a añadir «siempre en España». Pues eso, si la inteligencia está más cerca de la honradez que la neuroausencia, esperemos la recompensa.

Antes de seguir, comentaré que los lectores de este blog son de lo más variopintos ya a veces contradictorios, me explico: unos me dicen que me meta más en asuntos políticos, otros que no, que ya se me ve bastante el plumero, unos que no critique tanto, otros que me quedo corto. Solución: escribiré de lo que me salga de mis partes nobles, que mejor o peor el blog es mío. Siempre existe la opción, usada por algunos, de añadir un comentario que nunca censuro pero si respondo o complemento. A la vista está.

No se exactamente si es perjurio, lo mismo si, pero me choca por lo estridente que en Dubai se haya celebrado la Cumbre del Clima. Precisamente en el país desde donde se suministran los agentes contaminantes por excelencia. No me fiaría de esos anfitriones, es como celebrar una cata de callos a la madrileña o sesos rebozados en un restaurante vegano; aunque si como creo, ya existen «callos veganos», se puede esperar de todo. Me temo que la mano de Froilán puede estar detrás manejando el cotarro medioambiental. A todo esto, me temo que los resultados serán hilarantes, y que seguro que las industrias de automóviles eléctricos estarán babeantes y las consecuencias imprevisibles. Como debajo de la Alhambra encuentren Litio o cualquier otra cosa para su fabricación, adiós Alhambra; y si es un pueblo, adiós pueblo, el capital nunca pierde. Esto da mucho de sí.

Para derivar las neuroausencias, se difunde que en Granada, en esta Ciudad, tenemos un semen de tercera categoría. Todo sin pensar en la interacción de la malafollá con el funcionamiento testicular, que seguro que existe. Desde este magno blog propongo un estudio, concienzudo eso si, al respecto: elíjanse dos grupos de varones, unos con malafollá acreditada, de los que se criaron con Maritoñis y en la procesión del Corpus iban con sus vejigas de marrano dando vejigazos a diestro y siniestro, el otro grupo con varones de los que saludan, ceden la acera y te informan de una calle o de un establecimiento cordialmente; sométanse a un análisis de esperma y comprueben si los del primer grupo van con un pañuelo con cuatro nudos en la cabeza frente al sombrero de copa del segundo, si los del primero piden tapa al llegar al óvulo o pasan de ella y se concentran en dicha célula femenina. Informo, a manera de sugerencia, que se puede hacer igualmente con clases prácticas lo que seguro que agradecerían todos los del experimento.
¡¡¡Vaya chorrada periodística!!!, de Premio Pulitzer.

Espero que en una próxima entrada, antes de aquello del «espíritu navideño» le dedique algo más, pero es que se ma han adelantado, y en unos años comenzamos la Navidad el 18 de julio de paso para no ser perjuros. Una cosa positiva veo con las bullas por decorar las ciudades, y es el progreso disparado de esa industria de Puente Genil, Ximénez por más señas, que ilumina a medio mundo, que no sólo hacen carne de membrillo en esa localidad; para mis adentros una pena, porque las latas eran preciosas y muy útiles, no se si las seguirán haciendo pero no las veo, las han cambiado por bombillas, enchufes, amperios y watios.

Otra cosa que ha cambiado para algo mejor son los supuestos árboles de Navidad, digo supuestos porque son estructuras metálicas, cónicas, envueltas en un cableterío estropajoso y polícromo, y a ver quien lo tiene más grande (el árbol). No son así los árboles de verdad, pero al menos los respetamos, que cuando he visto unos pinos majestuosos cortados para unos días y envueltos de pelotillas de colorines brillantes me halado una «subida de leche», me recuerdan la escena de ET cuando lo disfrazan irrespetuosamente lleno de colgajos, pero aquí no se trata de ficción, se trata de seres vivos auténticos.
Claro que lo anterior sugiere a los que tienen imaginación, a aprovechar el capirote de nazareno que no desentonaría tampoco como un modesto árbol de Navidad. Reciclaje o economía circular que se diría ahora.

Vamos a algunas fotos del Museo:

Una preciosa foto de las que tomó mi antiguo alumno David. Dos topos y de Granada, en primer lugar uno albino, que los hay.

Y paso a los de la Sala de Física, hoy dos que las tengo algo descompensadas:

Es una mezcla de pesas de diversos orígenes y materiales, unas corresponden a instrumentos de la antigua cátedra de Agricultura y otras, las doradas, a balanzas de Física y Química. Muy estéticas todas ellas.
Lo de que estén las de Agricultura se debe a una inercia, que califico de inapropiada, de que cuando ha existido dudas obre algún material o instrumento, se ha adjudicado a Física por inercia, y esto ha sucedido en muchos centros, restando protagonismo a su origen.

Y otra, también de instrumentos de medida:

Un magnífico juego de medidas de capacidad de la casa Secretan de Paris, con su estuche correspondiente. En primer lugar abajo a la derecha una medida «huérfana» que no corresponde a la colección, una especie de «patito feo».

Y nada más por hoy, festividad de Sta. Paulina, sería el santo de una tatarabuela mía.
Que prime la inteligencia frente a la «neuroausencia». Leer ayuda mucho.
Besos, abrazos y arrumacos.