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Galop

Pues por mis conocimientos musicales, que aún conservo varios, para mi que un «Galop» era un aire musical, un ritmo; rápido, muy ágil y de compás binario. Se solía poner como ejemplo el célebre can-can de Offenbach (el lector puede consultar en YouTube).
Pues no, como no te acostarás sin saber una cosa más, en este verano me he enterado de otra acepción, no sé si estando a 39 o a 40 grados. Es una técnica en oratoria, bastante tramposilla por cierto, que lleva el nombre de Gisch. Resulta que este buen señor, apóstol del creacionismo; para mi, como darwinista convencido, que es otra forma de negacionismo. Pues en EEUU donde tiene fácil caldo de cultivo antievolucionista, y son tan dados a convertir en espectáculo cualquier cosa, pues este buen señor establece en público cambios de criterios-discusiones-controversias con discrepantes evolucionistas. Monta unos guirigáis de aúpa, ya que su técnica es esa, del «Galop»: no es soltar una idea y que el oponente pueda rebatirla o complementarla, es que la idea es absurda, falsa o mutilada, y antes de que el interlocutor responda, de forma atropellada se suelta una segunda y después una tercera igualmente sin pausa. Cuando se quiera rebatir a la primera vamos por la sexta que a lo mejor es la última, pero el galop a lomos de inconsecuencias ya está hecho, ya están dichas. Ahora a ver si pausada, cortes y educadamente se pueden rebatir uno por uno esos argumentos o citas…digamos desfasados por no decir directamente falsos o incompletos, que no se que es peor.

Pues eso, el amigo Gisch dejará en el aire que las mujeres vienen de la costilla de Adán y se quedará tan pancho. Me imagino uno de sus galop: «Adán dormía y el Señor pensó que no es bueno que el Hombre esté solo; y quitándole una costilla, de ella creó a Eva.» para en fracciones de segundo, con el interlocutor aún perplejo continuar con «los fósiles son criaturas hechas por el demonio, que al tener menos poder creador que Dios, se les quedan sólo en piedra» ; yo le respondería al cabo de seis o siete cosas así, «que como sé que te gusta el arroz con leche, por debajo de la puerta te echo un ladrillo; por eso los albañiles llevan alpargatas blancas«.
Pues los otros días fuimos testigos de un buen alumno de Gish. Menudo galop.

En fin, que como ahora vendrá un periodo de supuesto descanso, quiero reponerme de todo lo pasado, que me he quedado más o menos así:

Entre el galop y las cosas que estoy oyendo no se a quien mondar con la gumía, y eso que voy bien pertrechado. Precisamente cuando me entero que las grandes compañías están con unos dividendos que tiran de espaldas, que el paro da unos datos cada vez más optimistas…pues se me queda la cara de la foto aunque no sea uno de la prolífica fauna de politólogos.
Como es verano, considero que lo mejor es tranquilidad, dejo este asunto que «peor es meneallo».

Un asunto serio que nos debe preocupar es el medio ambiente. Cierto que en estos tiempos geológicos nos han precedido cuatro glaciaciones, periodos fríos, con alternancia de periodos cálidos intercalados, que ahora quizás estemos en uno de estos últimos, que estos periodos de temperaturas anómalamente altas no son nuevos a lo largo de los miles de millones de años de edad que tiene esta bola que llamamos Tierra. Pero no es menos cierto que la actividad inhumana de los humanos contribuye cosa fina, y está acelerando un proceso peligroso.
No sólo se beneficia el que llena la piscina restando un agua vital para otros usos, o el que tapiza de aguacates lo que era un secarral, o el que obtiene pingües beneficios de naranjas o fresas regadas con el agua de Doñana, no. También el que instala torretas de aerogeneradores en zonas que, oh! sorpresa, habían ardido meses antes. Ojo, que con la apariencia de actividades benéficas en lo ecológico, hay una cara dura muy grande y frívola. No quisiera que bajo mi casa descubrieran la existencia de Litio, tendría que emigrar desahuciado a la frontera con la India.
Como nos pongamos a desgranar una serie de actividades, aparte de caérsenos la cara de vergüenza, nos quedarían muchas preguntas con pocas respuestas.
Uno lee: «nos estamos quedando sin insectos», y es verdad. Ya se ha puesto el foco en la escasez de abejas y sus efectos catastróficos, pero no piensa que el macrocultivo del vegetal que interese a una multinacional, o a veces a un particular, usa insecticidas para matar a un tratado de Entomología, abejas y no abejas. Pero una vez más, eso «genera riqueza y da puestos de trabajo»,la célebre muletilla capitalista.

Lo dicho, habría para estar hablando hasta la próxima glaciación.

Vamos a levantar el ánimo, que ha sido el cumpleaños de Froilán, ¡¡¡Aleluya!!!. Naturalmente el muchacho cumplirá años, y aunque él no se lo crea, una vez al año. Lo grande es la celebración escogida: se ha ido al parecer con un grupo de amigotes al barrio rojo de Amsterdan, algo así como el barrio chino de Barcelona, hoy llamado de forma hipócrita el Raval (que se lo cuenten a Vazquez Montalbán), o a Madrid a la calle Montera…vamos, de putas; no se dice que si de usuario o de mirón pero seguro que no va a una sala de conciertos a escuchar los cuartetos de Beethoven para celebrar el regio cumpleañitos. Curiosamente, el cínico periodismo que nos caracteriza añade al titular: «acompañado de amigos de la Universidad».¿Lo ves? Él no es el lascivo ni concupiscente, él es como Enriquito el niño puro bueno y casto de Samaría…si es que somos muy mal pensados, él se está dedicando a la cumbre del medio ambiente y claro, entre ecosistema y ecosistema siempre hay lugar y tiempo para un ecotono.
Seamos magnánimos. Ojo, que la hermanita va por el camino de baldosas amarillas.

Fotos del Museo, que ya está bien:

Tiempo ha pasado desde el último fósil, pero leyendo la cartela (etiqueta) podemos comprobar que en el Mioceno había olmos. Es un magnífico pedazo de tonco fósil que, por si hubiera duda, conserva una hoja adosada a la parte superior. Tiene entre quince y veinte centímetros de alto.

Un feroz ejemplar de oso asturiano, de los fondos históricos del Instituto, ese no es como el fósil de arriba que lo tenía yo en mi casa. Fue, más que restaurado, lavado y peinado por el inolvidable Alberto Michelon, ya referido en otras entradas. La fotografía no es demasiado buena, pero bastante tuvo el fotógrafo con subirse peligrosamente a una escalera. Como buen carnívoro, se le disecó enseñando la dentición, incisivos enanos, colmillos de aquí te espero y su potente muela carnicera.

Un aparato de Física:

Un precioso manómetro de Bourdon. La espita conecta internamente con una lengüeta metálica hueca y enrollada en espiral. Según la presión ésta tenderá desenrollarse y activará la aguja. No sé quien fue antes, si este manómetro o un matasuegras de jolgorio nocheviejero, pero el fundamento es el mismo. Un ejemplar de manómetro extraordinario por sus dimensiones y conservación.

Y nada más por hoy, que vamos a descansar unos días.Esperemos que la próxima entrada mantenga la línea, y la barriga cervecera también.
Feliz verano.