A todos y todas personas y cosas, avatares, linotipistas, sexadores de pollos, augures varios, clima, anticiclones, carteros portadores de votos, borrachines cantores del cumpleaños feliz a las doce de la noche, ignotos facedores de encuestas (digo ignotos porque ni a mi ni a nadie conocido le han hecho alguna), a todos y a más, por piedad os lo ruego…¡¡¡ya está bien de dar la vara este verano. No se si podré llegar al final, si vivo o con un golondrino sobaquero.

¡¡¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos dieron el nombre de dorados!!!, parafraseando insolentemente al manco de Alcalá de Henares.
Varios son los motivos de la elección de esa imagen: van con traje, corbata y chaleco en el mes de junio. Envidia, no por la vestimenta, sino por la temperatura que se adivina.
Igualmente se invita a pensar que lo están pasando bien. En efecto, se trata de un grupo de trabajadores de los ferrocarriles suburbanos de Málaga en una de sus «comidas de hermandad» en plan campestre. Para que la cosa fuera completa, ahí uno de ellos lleva el gorro de cocinero y otro, sentado, un acordeón…¡¡¡mi abuelo!!!, tal como suena es mi abuelo Napoleón, que sí, que se llamaba así. Y en la foto, normal en la época pero bastante machista, faltaba la única mujer de esa empresa, Josefina, maestra ella y empleada en la contabilidad de los ferrocarriles. Como es de cajón, Josefina y Napoleón acabaron casándose, dos hijas, y de una de ellas vino al mundo este prenda que está escribiendo. Ah!1, de Napoleón heredamos la melomanía. Así que ya lo saben, soy nieto, literalmente nieto, de Napoleón y Josefina. Irrebatible y clarificador para algunos. No soy el único, en realidad somos seis, cinco vivos, los primos que podemos decir lo mismo.
Considero que la imagen es refrescante en estos tiempos. No da calor, no es ni triste ni pesimista, no hay encuestas en las solapas de los trajes ni en los jipijapas, no tienen cara de embusteros ni piensan en ETA….que dan envidia, ea.
Pues atendiendo al personal seguidor del blog, han sido bastantes los que por distintas vías piden que amplíe la entrada anterior «Precocidades»con el episodio de los chinos.
Aunque creo que en otra lejana entrada ya comenté algo. El fondo del asunto, lamentablemente, vuelve a la palestra.
Un relato detallado:
Dedicaba dos noches en semana a hacer «labor de campo», es decir, fuera de papeleo y expedientes, a ver aquellas situaciones sobre las que no tenía las ideas suficientemente claras y sobre las que debía pronunciarme. Detalle muy importante: a esos paseos nocturnos me acompañaba mi perra, una señora, un inolvidable y magnífico pastor alemán, y con sus iniciativas zoológicas naturales. Pues estábamos los dos en la acera de enfrente a una pizzería que tenía, digamos «denuncias muy raras» que no vienen al caso. No observábamos nada de nada, tan nada de nada que, estábamos junto a unos contenedores de basura de unos restaurantes chinos, y la perra que en esas distancias pateaba y arañaba por el olor a los contenedores, en esa ocasión se me quedó mirando como preguntando ¿qué puñetas hacemos aquí?, tenía razón en buena parte, pero comoquiera que me alertó aquella pasividad, levanté la tapadera de los contenedores esperándo lo lógico, restos de arroz, de trocitos de cerdo o de pollo…nada de nada. No existían residuos orgánicos, sólo cartones y botellas vacías. Me mosqueé bastante, o se han anticipado al reciclaje (año 1991) y en este caso habría que ver como lo hacen, o es que no tienen clientela más que para beber, y eso no es lo propio de estos restaurantes.
Al llegar de madrugada al despacho dejé escritas unas instrucciones urgentes. La Jefa de Área inmediatamente dio las instrucciones a los inspectores municipales para hacer un recorrido «oriental»; con todas las garantías, las tres muestras de alimentos, una para el establecimiento, otra para el laboratorio municipal (que por cierto era un lujo como funcionaba) y otra se guardaba precintada y refrigerada por si era necesario efectuar un análisis dirímente. Los resultados del laboratorio fueron la releche, bichos por todas partes y de todos los colores, un atlas de microbiología.
Tras las notificaciones y los plazos preceptivos, a los que no se les había clausurado por escandalosos, una vez comprobada de nuevo la situación, pues venga, otra serie de clausuras. Entre una racha y otra fueron treinta y uno; sólo no se clausuró uno en el que por cierto se comía regular. Ironías.
Cuando empezó todo, y salió en la prensa, pues desayunando cerca de mi despacho varios concejales y el alcalde con nosotros, pues dos de ellos (grandes amigos) salen del servicio y pasan junto a lo que parecía otro cliente sin más. Era chino. Vienen para mí los dos concejales y me dicen discretamente: «Luis, aquel chino lleva en la portada de una carpeta una foto tuya tamaño folio». Enterado el alcalde indica que me vaya a mi despacho y me encierre allí. Así lo hago y al llegar me encuentro que el patio está lleno de chinos esperándome, y con algunos chinitos completando la casi manifestación. En la antesala mi secretaria (magnífica y de lo más inteligente) y acababa de llegar mi mujer, Ambas con su preocupación por la escena. Al cabo de unos minutos se me ocurrió que salieran las dos a la calle, acción de despiste, y pocos segundos después salía yo rápidamente pero torciendo por el callejón de atrás, de esa forma tenía cierta holgura para llegar al cuerpo de guardia. Así se hizo y salió bien.
Tampoco estuvo en paz la periodista de Ideal que sacó la noticia, ya que se personaron en el periódico sin buenas intenciones, y tuvo que refugiarse en su casa unos días.
Muchos me comentaban «con razón después de ir a uno de estos me dan diarreas…»o cosas así.
A partir de ahí no he vuelto a pisar ningún restaurante chino; miento, en Londres fui a uno que parecía de Ferrá Adrià.
Hasta aquí el episodio. Aprovecho para resaltar la profesionalidad del personal de mi concejalía. Saben de mi reconocimiento y valoración.
Y ahora piedad, por favor.
Que si a Froilán lo han nombrado para la Cumbre del Clima. Imitando a Federico Trillo: ¡¡¡Manda huevos!!!.
Que a los opositores a profesores de Lengua se les permite en los ejercicios hasta nueve faltas de ortografía. Recuerdo que en mi examen de ingreso de bachillerato (con nueve años), máximo tres y los acentos contaban media falta.
Con este marco, logsiano a más no poder, está pasando lo que se adivinaba, los jóvenes cada vez más votan a la ultraderecha. Conocimientos, fuera, para qué.
Tampoco es que reivindique las normas de Tanzania, donde se permiten los golpes para educar.
Y harto de oir a todos el mundo el uso de la palabra «gente», a la que siempre le veo algo despectivo, cuando debieran decir «personas»: «a toda esta gente» (fatal, no me gusta) mejor «a todas estas personas» paso al recorrido fotográfico del Museo:

Ese pedazo de cosa con pinchos no es ni más ni menos que el rostro de un magnífico pez sierra, Pristis pristis para eruditos, en realidad es una prolongación de uno de los dos esqueletos craneales, dura y compacta pero cartilaginosa. Su longitud supone la cuarta parte del total del animalito, del tiburoncito que no deja de ser; de forma que si ese ejemplar mide 1’60 metros, el propietario original mediría 6’40. Asustar, seguro, mejor desde el merendero hoy chiringuito.
Algo de Física:

Composición con la Balanza Hidrostática. Si en alguna ocasión se han separado el soporte vertical con plataforma y la cápsula o depósito que se acopla a uno de los platillos de la balanza, en esta imagen se muestran para evidenciar su función. En el depósito se deposita el material a investigar, se sumerge el depósito en un recipiente con agua apoyado en el soporte, y lo demás lo hace Arquímedes. Un aparato útil tanto para la enseñanza como para la investigación de laboratorio.
Y nada más, esperemos que a partir del domingo que viene podamos seguir como hasta ahora, no como el del chiste «Virgen mía, déjame como estaba antes».
Fuerte abrazo y mis deseos de acierto ausente del influjo de fábulas mentirosas.